¿Qué tipo de liderazgo tiene tu organización?
No todo liderazgo construye.
A veces, una organización puede tener buenas personas, buenas intenciones y grandes objetivos, pero un mal liderazgo puede terminar debilitando la confianza, dividiendo al equipo y alejando a quienes quieren aportar.
Algunos perfiles que podemos encontrar:
El complaciente
“Hagamos lo que todos quieren.” Busca evitar conflictos y agradar a todos, incluso cuando debería tomar decisiones difíciles o defender el propósito de la organización.
El autoritario
“Aquí mando yo.” Concentra las decisiones, no acepta cuestionamientos y confunde liderazgo con poder.
El todólogo
“No sé, pero igual sé más que todos.” No reconoce sus limitaciones, rechaza consejos y toma decisiones sin escuchar a quienes tienen experiencia o conocimientos.
El fantasma
“Cuando hay problemas, desaparezco.” Evita responsabilidades, no entrega dirección y aparece principalmente cuando las cosas salen bien.
El cambiante
“Mi posición depende de lo que me convenga.” Cambia de discurso, prioridades o decisiones según las circunstancias, debilitando la confianza y la coherencia de la organización.
¿Por qué es importante identificarlos?
Porque un mal liderazgo no siempre destruye una organización de un día para otro. A veces comienza lentamente: menos participación, menos confianza, menos colaboración, más conflictos, más silencio y menos ganas de seguir aportando.
Identificar el problema es el primer paso para corregirlo.
Liderar también significa tener la capacidad de escucharse a uno mismo, reconocer errores, aceptar críticas y cambiar cuando es necesario.
Porque una organización fuerte no necesita líderes perfectos. Necesita líderes capaces de aprender, asumir responsabilidades y poner el propósito colectivo por encima del ego personal.
