Repensar el 18: la precariedad no se va con la fiesta
Mientras los indicadores económicos empeoran y las cifras oficiales prefieren maquillar la realidad, para miles de familias en Chile el 18 de septiembre no se trata de elegir un corte de carne para la parrilla, sino de hacer malabares para sobrevivir al mes.
La fiesta pasa, pero la precariedad y la desigualdad estructural se quedan instaladas en las mesas vacías. Repensar el 18 no es apagar la alegría, sino tener la valentía de mirar de frente lo que el sistema prefiere esconder bajo una ramada.
¿Qué estamos conmemorando cuando la dignidad se ha vuelto un lujo estacional y excluyente, sostenido solo sobre promesas vacías?
Hagamos una pausa incómoda, pero necesaria. El verdadero cambio empieza por dejar de normalizar la crisis.
