La educación no se premia ni se castiga: se garantiza
No nos preparemos para competir en una carrera donde las reglas ya están hechas para dejar a la mayoría atrás.
El conocimiento no es un favor que se otorga ni un privilegio condicionado a cuántos recursos tengas en el bolsillo o cuántos requisitos logres cumplir ante la burocracia de turno. Pensar que el acceso a la formación superior depende de la suerte, la edad o el favor estatal es normalizar una injusticia de raíz.
Una sociedad que pone precio a las aulas y condiciona el futuro está hipotecando su propio desarrollo. Más talento sumado a más oportunidades es la única fórmula real para construir un país con futuro.
La educación no se premia ni se castiga: se garantiza.
¿Hacia dónde queremos caminar como sociedad?
